LA NATURALEZA EN EL CORAZÓN. Prosa poética de la naturaleza







"Este libro plasma, con ternura y admiración, pequeños instantes de la naturaleza: la llamada inefable de un río, la llegada  primaveral de los vencejos, la comunión con el bosque o las montañas, el diálogo con un caballo  nostálgico, la contemplación de una distinguida mantis,  o la música de un burro enamorado.
Sentir cariño por los animales, las plantas y el paisaje, y además valorar una  literatura pausada y lírica, es contagiarse sin remedio del amor que  inunda  estas páginas.


Maite Sánchez Romero es escritora de relatos breves y poesía.
Amante apasionada de la naturaleza, fotógrafa y dibujante.
Ha publicado también: "Madera y miel". "

ILUSTRADO en blanco y negro por la autora



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BOSQUE


El bosque callaba, porque se sabía el todo de mis sueños.
Entró primero con su aroma hondo y entrecerró mis ojos. Su aliento de nieblas, verde y serio, se acercó hasta posarse a mi lado. Los trinos de cientos de pájaros fueron llamados por el sol, que los reunía al atardecer en su regazo de fuego... A ellos: a sus mil corazones poetas. La algarabía era absoluta; de un absoluto tan dorado que dolía. Todo vibraba.  Las alas removían las ramas como risas de niños. Yo casi flotaba, entre aromas de resina y rayos de luz, siguiendo la música como un viento ebrio. Y tan sólo era blanca, sencilla alegría, tan sólo...
Luego ocurrió el milagro diario del silencio sobre las raíces. Tan sólo el cárabo quedó pintando una estela de bronce sobre la oscuridad. Olía intensamente a estrellas. Entre las hojas soñolientas pululaban a millones. Podías guardar las que quisieras bajo los párpados. Ellas te hablarían de que todo es posible, como pupilas de infinitos mundos que tú no puedes sospechar. En la oscuridad se hace patente que la inmensidad habla; y las ideas se hilvanan sin fin. Eliges la que deseas y sigues su trenza de plata. Entonces comprendes que todo se encadena, como un río profundo que circula por todos los seres, y puedes seguirlo por las venas de las hojas hasta las estrellas. Comprendes... Y quieres acariciar lo inédito.
Mientras crujían mis zapatos por el suelo mullido de secretos, los árboles se alzaban más grandes y soberanos, más vivos. Notaba fuerza. Los percibía anchamente compasivos.
Al pie de un gran abeto me dormí.

Mi latido consumía la existencia, pacíficamente, como el fuego consume la leña.